La incidencia colaborativa

La incidencia colaborativa
No basta sólo con fortalecer a activistas, sino que también debemos hacerlo en sector público

Incidir es influir. Es transformar condiciones. Es persuadir a quienes toman decisiones para que sus acciones y recursos se orienten a la solución de problemas públicos. Pero incidir, también es hacer comunidad. Es una oportunidad para fortalecer la acción colectiva como mecanismo para solucionar difíciles problemas públicos.

Y esto es justamente lo que buscamos con la Escuela de Incidencia, un proyecto de la Fundación Ciudadano Inteligente para fomentar el liderazgo colaborativo de nuevas generaciones en América Latina con el fin de lograr cambios a través de la incidencia en políticas públicas. En casi dos años desde el inicio de la escuela, ya se han formado 11 comunidades en Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Guatemala, Brasil y Chile. Y la semana pasada -por primera vez- se formaron dos comunidades de manera paralela: en Chile y Ecuador.

La Escuela de Incidencia de Chile se formó por 12 jóvenes de la sociedad civil y del sector público de distintas regiones del país que llegaron a la formación con el fin de fortalecer sus herramientas para combatir distintos tipos de discriminación: discriminación hacia quienes padecen VIH, violencia contra mujeres afrodescendientes en las artes y en el trabajo, discriminación hacia personas por su lugar de origen, violencia de género entre escolares, entre otras formas de violencia que se viven en el país.

Durante tres días, trabajaron en conjunto para aprender nuevas metodologías y para compartir experiencias en torno a la lucha contra la violencia. Ahora, regresarán a sus lugares de acción a poner en marcha las herramientas y metodología aprendida (labcivico.org) junto a sus comunidades y equipos de trabajo. Iancu Cordescu, secretario general de la Fundación Chile Positivo, resumió la experiencia como “La escuela de incidencia nos demostró que personas tan diversas en experiencias y saberes, pero con un horizonte común, fuimos capaces de adoptar una nueva modalidad de trabajo colaborativo que sacó nuestras mejores capacidades y habilidades. Nos permitió, además, trabajar en conjunto, y nos dejó con ansias de volver a nuestras organizaciones a contarles de este tremendo equipo que fuimos por unos días.”

En el caso de la Escuela de Ecuador, esta fue, por primera vez, exclusiva para personas del sector público. Esto, con el fin de probar las herramientas de incidencia dentro del ámbito de la toma de decisiones. Ocho participantes provenientes del gobierno central, del poder legislativo y de gobiernos locales aprendieron metodologías prácticas y reflexionaron sobre la importancia de abrir los gobiernos para acercarlos a la ciudadanía. Quienes participaron tomaron conciencia de su rol como visagra en el Estado: estando dentro pueden, por una parte, acoger las necesidades y propuestas de la población, al mismo tiempo que impulsan esas iniciativas haciendo incidencia con jefaturas y autoridades. Desde esta perspectiva, la Escuela de Incidencia cobra un nuevo sentido.

La apreciación más reiterada por parte de la comunidad del sector público fue haber comprendido que el poder incorporar todas las voces, el darle un espacio a quienes piensan distinto, aporta una calidad en la construcción de soluciones a problemas públicos que, como comentaron quienes asistieron, no suele valorarse desde el Estado. Ana Belén Choez, del gobierno local de Guayaquil, explica que la metodología LabCívico le hizo cuestionarse la forma en la que se crean las políticas públicas, muchas veces sin tomar en cuenta a todos a los actores que tienen un valor preponderante sin importar la posición que desempeñan.

La síntesis de la semana es ver cómo, por una parte, la escuela empodera a activistas de la sociedad civil y la academia y, por otra, a las y los necesarios aliados dentro del gobierno con quien deberán establecer un diálogo. Las dos escuelas en paralelo demostraron la disposición de más y nuevos jóvenes que quieren seguir formando una comunidad por la incidencia colaborativa. Jóvenes de la academia, de la sociedad civil y del sector público nos confirman el valor de la acción colectiva en torno a la incidencia y nos inspiran a seguir avanzando a buscar más espacios para seguir transmitiendo nuestras herramientas.